Close your eyes.

Close your eyes.

jueves, febrero 23

En las tablas.

A veces, te paras ante el mundo. Te paras ante ti mismo y te replanteas tus pensamientos, esos que siempre tienes en tu cabeza pero que normalmente no sientes por donde se mueven. Entonces, cuando suspiras, el corazón se te acelera y el aire recorre tu cuerpo. Sientes como llega hasta el alma y sin saber muy bien por qué, duele. Te golpea los sentidos, cada uno de ellos, los seis. Te paraliza la mirada hacia el vacío, te aísla del mundanal ruido, tu boca se queda sin saliva (como si de un desierto se tratase), no sientes la brisa que intenta acariciarte sin molestar y que arrastra perfumes de primavera que ni siquiera percibes. Y el mayor golpe, el que te demuestra que no todo está acabado, que no todo se quedó sin solución. El peor golpe, el mejor golpe, el más fuerte, el del alma. El golpe que recibes en tus sentimientos y en tus pasiones, en lo que está dentro de ti y que sólo algunas personas tienen el privilegio de desarrollar. Ese sexto sentido que siempre está presente pero que sólo, en ciertas ocasiones, sale a relucir, sale a la vista de los demás cuando menos te lo esperas. Suele ocurrir cuando no estás dispuesto a seguir luchando por tus deseos, pero también cuando te dispones a pelear por ellos, cuando crees que únicamente lo que merece la pena no soltar, son tus sueños. Ahí es tu sexto sentido el que te grita que, por favor, por ti, ates tu mano a tus emociones, a esas sensaciones que te hacen llorar. Pues son esas lágrimas, por pocas que sean, las que te demuestran que tus sueños son el motor de tu vida y que nunca debes abandonarlos.

Y tras experimentar esto, ha pasado una milésima de segundo, entonces abandonas esa parada ante el mundo y continúas moviéndote por el escenario. Atándote a la emoción del momento. De todos los momentos.

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