Close your eyes.

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jueves, septiembre 2

El Hombre del saco no se llevará mis recuerdos.

Ponerme a pensar es abrir camino al sentimiento oscuro que va abrazado a la tristeza. Es como llamar a gritos al Hombre del saco cuando tienes cuatro años y te atemorizan cada noche con su presencia. Es tentar al miedo para que vuelva a ti. Siempre vienen de su mano recuerdos, sueños, sentimientos, momentos que creía haber olvidado o que, simplemente, había olvidado cómo me hacían sentir. Me recorren el cuerpo de arriba abajo sin dejar un hueco sin visitar. El alma se encoje y se queda pequeñita en una esquina deseando que por ahí no quieran pasar, pidiendo en silencio que por favor no alteren su bienestar y su tranquilidad. Es doloroso. Es cruel. Es… casi maravillosa la manera en que todo mi mundo puede cambiar en esos cinco minutos, a veces diez, en los que vienen a mi cabeza esos recuerdos y pensamientos que no quería volver a visitar. Unos de esos segundos los gasto en desear cosas imposibles, otros en procurar no pararme demasiado rato en los recuerdos de algunas personas o ciertos momentos que descubro inolvidables, algunos de los segundos se van mientras busco qué quiero de mi vida en estos momentos y los restantes, estos se dispersan en el tiempo sin saber a dónde van, pero sin irse muy lejos porque los volveré a necesitar. Cuando estos segundos regresan vuelvo otra vez a pensar y a utilizarlos como utilizo mi diario. Ellos me obligan a no olvidarlo, me ayudan a recordar que volverán a irse, pero también a relajarme, a que no llegue a una conclusión precipitada pues volverán de nuevo y seguiré teniéndolos aquí para seguir pensando. Mientras, sé que el Hombre del saco no vendrá a llevarse mis recuerdos, por mucho que yo se lo pida. Tenerlos, al menos sirve de algo, pero sólo hasta el momento en que me encuentre con más momentos, que quiera guardar o desee olvidar sin resultado, y se resguarden junto a mi alma escondida. En ese momento él vendrá, guardará en su saco los recuerdos pasados y yo se los prestaré para siempre.

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