Close your eyes.

Close your eyes.

martes, septiembre 28

Y tú deberías hacer lo mismo.

Simplemente no quiero ser ese tipo de persona. Los que ya saben cómo va ser su futuro porque lo comparan con su presente. No quiero que mi vida sea así, quiero cambiarla. Voy a reescribir mi destino, quiero hacerlo, debo hacerlo. Voy a saltarme las normas y a imponer otras nuevas. Voy a elegir quién continúa en mi vida y quien se desvía del camino. Voy a decidir cómo quiero hacer las cosas y a probar ese perfume que no he usado nunca. Voy a investigar la parte buena de la gente, voy a descubrir que la tienen y a comprender por qué tienen una parte mala. No dejaré que el rencor acabe conmigo. Impediré que mi subconsciente generalice lo malo e idealice lo demasiado bueno. Voy a decidir cómo quiero seguir mi vida y a conseguir que mi vida me siga a mí y no yo a ella. Quiero llegar a ser alguien a quién merezca la pena recordar y a quién muchos desearán olvidar. Mi vida voy a formarla yo.

lunes, septiembre 27

Pierdo yo.

Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por encontrarlo. No me importa lo que pierda por el camino, no me importa lo que piensen de mis actos, no me importa en absoluto si resulta satisfactorio o no. Voy a intentarlo pese a quién le pese. Quizá nunca encuentre el momento oportuno, quizá mi alrededor no lo entienda, quizá no comprendan las ganas que tengo de que aparezca y de poder gritar que por fin lo tengo. Nunca escojo el momento ni el lugar, viene solo. Pienso en las consecuencias, pero estas nunca son como las imagino. Siempre acabo siendo la que falla y la que pierde en esta apuesta. Siempre me preocupo por todo, por cada detalle, por cada pensamiento, por cada dolor, siempre cometo el error y después se me viene encima. Me caen sobre la cabeza, de golpe, esos detalles, esos pensamientos y... ese dolor. Al final, todos ganan. Pierdo yo.

sábado, septiembre 25

- ¿Sabes qué es lo peor? Que siempre quedan ganas de más.
- ¿Y por qué tiene que ser necesariamente lo peor?

miércoles, septiembre 22

Me lo prometí.


Lo prometido es deuda y yo me prometí ser feliz. Me prometí volver a equivocarme para aprender del error. Me prometí ser fiel a aquello que me alegre el día. Me prometí no agobiarme con el pasado que salió mal. Me prometí recordar siendo consciente de cada problema. Me prometí ser inteligente para resolver los acertijos del día a día. Me prometí ser fuerte para no rendirme cuando no tengan solución. Me prometí olvidar lo imposible y convertirlo en improbable. Me prometí llegar a ser quien yo quiera ser. Me prometí hacerle caso al viento cuando me susurre que cambie de dirección. Me prometí no temer a los truenos cuando se acerque la tormenta. Me prometí que recordaría que en los sentimientos está la realidad, mi realidad. Me prometí que nunca actuaría sin pensar en las consecuencias. Me prometí que volvería a París. Me prometí que pisaría suelo inglés. Me prometí pasear, leer y escuchar música en el Central Park. Me prometí que sentiría el ritmo en mi cuerpo durante el resto de mis días. Me prometí que "rompería" los teatros. Me prometí que nunca dejaría de apoyarme sobre la música. Me prometí que compartiría cada momento con una persona que me haga sentir viva. Me prometí que él sería la razón de seguir luchando. Me prometí que cambiaría el llanto por el apoyo. Me prometí ilusionarme, soñar, mientras tome un café en la terraza de nuestra vida. Me prometí, me juré a mí misma que nunca perdería las ganas por esto, que me lo debo sólo por haberlo soñado. Por haberlo deseado cada noche.

martes, septiembre 21

Constante, incesante y cautelosamente.

En algunos momentos recordar está bien. No hay que olvidar el pasado, está ahí y no se puede cambiar. Podrás volver a esos momentos cuando desees, sólo tienes que cerrar los ojos y pensar. Incluso, a veces, puedes hacerlo mientas finges escuchar a los demás. Revives esas sensaciones que te hicieron llorar, las que te hicieron reír, las que te hicieron llegar a ser quien eres. Podrás disfrutar de esos veranos perfectos de nuevo sin necesidad de repetir los errores que llegaste a cometer. Eso es lo bueno del recuerdo, que puedes elegir qué momentos repasar. De los que no quieres acordarte es imposible que llegues a librarte, hasta profundizarás en ellos más de lo que quisieras soportar, pero de repente, piensas en eso que alguien dijo alguna vez: de los errores se aprende. No podrás encontrar nada malo al recordar; reproduces en tu mente los buenos momentos y analizas con cautela los malos. En esto se basa el recuerdo, sólo en esto. El futuro depende en gran parte de nuestro pasado. A partir de él intentamos conseguir las consecuencias que queremos y, gracias a él, conseguimos saber cuáles van a ser esas consecuencias. El presente... el presente es otra historia. El presente hay que vivirlo, hay que sentirlo, hay que sufrirlo. En el presente también pensamos. Pensamos en él cuando en un pasado planeamos nuestro futuro, pensamos en él cuando se acaba y nuestro futuro se convierte en presente. Ahí es cuando lo recordamos. Toda nuestra vida se basa en recuerdos, en deseos y en hechos. Estos serán recuerdos que ayudarán a formar nuestro futuro. Es un bucle de sentimientos, de pensamientos que pasean por la mente sin nosotros darnos cuenta de que pertenece a su rutina. Constantemente. Incesantemente. Cautelosamente reaparecen en nuestros pensamientos haciéndonos imaginar un futuro que no podemos predecir, pero que, aun así, seguimos creando para nosotros mismos. Es parte de nuestra naturaleza, es necesario en nuestro alma.

lunes, septiembre 20

Profundamente viva.

El amor. Se hacen las mayores locuras en nombre del amor. Porque cuando uno ama nos sentimos al borde del abismo, el pasado se olvida, el presente se disuelve, el futuro no existe. Porque el amor es así, loco, imprescindible, temerario, te absorbe, te consume, te devora. Te pone alas en los pies y cosquillas en el corazón, te hace reír, te hace llorar, te hace soñar, pero sobre todo te hace sentir profundamente viva.

Feast of love.

Cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían, así que inventaron a los Seres Humanos, pero seguían aburriéndose e inventaron el amor. Y vieron que ya no se aburrían, así que decidieron probar el amor ellos mismos. Y finalmente inventaron la risa para poder soportarlo.

viernes, septiembre 17

Es posible.


Toda mi vida he esperado conocer a mi hombre ideal, y entonces apareciste tú... No te pareces en nada al hombre que había imaginado. Eres cínico, gruñón e inaguantable, pero lo cierto es que pelearme contigo es lo mejor que me ha pasado nunca, y creo que es muy posible que me haya enamorado de ti.

El problema con los sentimientos es que tienden a reaparecer cuando menos te los esperas.

martes, septiembre 14

Aún me muero por él.

Me moría por ella y busqué mil excusas para verla, aunque fuera un segundo, aunque ella jamás se diera cuenta. Me moría por ella y me ganaban los nervios si me hablaba. Y yo quedaba mudo y tenía que agacharle la mirada. Qué tonto y qué tan absurdo que me sentía al lado suyo por no tener el valor y creer que sí era posible acercarme y decirle que me moría por ella. Me moría por ella, nunca supe lo que era besarla. Me quedé con las ganas de tomarle la manos y abrazarla. Me moría por ella, de contarle mis sueños y escucharla y reírnos por nada, consolarla en mi hombro si lloraba.

Y no es posible explicar que no hice nada en todo el tiempo que pasó. Y aquí estoy frente a ella. Y aún me muero por ella.

lunes, septiembre 13

Volvemos a empezar.

Se acabó el verano. Se va el Sol, la brisa que nos mata si no está, el calor, el cielo azul repleto de sueños en sus esponjosas nubes, la playa, la arena, el agua, el atardecer perfecto... Se va el descanso y la despreocupación. Todo ello se va y vuelve el estrés, las ganas de acabar, las prisas por terminar los nueve meses más largos del mundo. También los compañeros, las aulas frías en pleno invierno, la nieve que cae al otro lado de los cristales, las asambleas, los profesores, la inseguridad, las broncas, la toma de decisiones, el miedo a un único examen, el intercambio de bolígrafos, la desesperación posterior a un examen cuando te das cuenta de que sólo tú has marcado la respuesta C en la pregunta 8. Esto es lo especial y lo que hace que sea tan genial la época del instituto. Todo eso vuelve como cada Septiembre, como cada año desde que empezaste a la guardería hace casi dos décadas. El tiempo pasa rápido. Ahora recuerdas cuando no querías volver al colegio por el miedo a encontrarte con la que llamaban "la profesora más mala del mundo mundial". Y ahora... ahora el miedo aumenta al hecho de marcar tu futuro con este curso. El miedo pasa a temor a la responsabilidad, a la decisión y a la seguridad que te cuesta encontrar. Al final, este miedo se convertirá en ilusión, ganas y planes especiales de futuro. Sólo por eso, vale la pena.

Tarde o temprano sé que voy a volver.


Quiero que me arrastre el viento como a un trozo de papel. Revolcarme por el cielo y no caer. Y no pensar, tan sólo quiero no pensar. Y copiar el movimiento irrepetible azul del mar. Arrancarme los recuerdos, no volver a repasar. Adelante, sólo quiero no parar. Y no pensar, tan sólo quiero no pensar. Imitar el parpadeo, de las estrellas al brillar. Algo tiene ese bar que está cerca de aquí, que es más fácil entrar que aprender a salir sin tí. Y aunque nada es verdad, las verdades aquí tienen forma de puñal.



FITOTERAPIA. 11 Septiembre. Llanera. INSUPERABLE.

viernes, septiembre 10

Está dentro de todos nosotros.

Si pudiéramos vivir sin pasión tal vez encontraríamos algo de paz. Pero estaríamos vacíos. Habitaciones vacías, destartaladas y húmedas. Sin pasión, estaríamos realmente muertos.

Hay momentos en la vida decisivos, que marcan el camino de lo que vas a ser. A veces son pequeños momentos muy sutiles. Otras veces no. Os lo voy a explicar: El problema es que, aunque los veas venir, no estas preparado para los grandes momentos. Nadie pide que su vida cambie, en realidad no. Pero cambia. ¿Entonces qué somos, tontos? ¿Muñecos? No. Llegarán los grandes momentos, eso es inevitable. Lo que cuenta es lo que hagas después. Entonces es cuando descubres quién eres.

jueves, septiembre 9

El "poco a poco" del día 9.

[...]No puedo evitar pensar en mi pasado y recordarlo. Siempre ha estado ahí. Quizá porque sepa que es imposible que salga bien, quizá porque me guste creer en cosas improbables, pero siempre aparece por alguna esquinita. Y esa esquinita acaba convirtiéndose en una gran habitación, la cuál es bastante imprescindible en casa. La cocina, por ejemplo. Te pasas horas en la cocina, disfrutando haciendo pasteles o patés, hasta que un día se te estropea la batidora, estalla y los azulejos quedan cubiertos de una masa imposible de limpiar a la perfección. Nuestra historia es así. Cuando todo funciona, va muy bien. Cuando uno de los dos se equivoca… todo queda lleno de esa masa, y es francamente difícil de limpiar. No de las paredes, de nuestra vida. No se va, no se limpia… no se olvida. [...]

Londres es Londres (y no hay más).


Sus parques, sus casas, el ambiente de los pub, el color del Támesis, las enfurruñadas y calmosas abadías, los conjuntos de casas de la parte central, efectivamente hacen imaginar detectives que nunca existieron... nada más que en libros.
Londres es Londres (y no hay más): bosques con colores de gamas impensables, flores colocadas en hermosos buquet; los de los ladrillos de una extraña mezcla entre rojo, gris y granate; los de las pequeñas pantallas de lámparas sobre acogedoras camillas, que contrastan con fuertes tonos de fondo azules en sus telas, o de flores....sobre la pared.

martes, septiembre 7

París siempre es una buena idea.


Acabé haciendo letras de leer en Oxford. Y procuré evitar el destino con gafas y granos que Helen me había predicho. Probablemente parecía tan deslumbrada, novata e ingenua como las demás alumnas, pero no lo era. Uno de los chicos con los que salí, pues realmente eran chicos, me preguntó si quería ir a París con él y le contesté: ¡Encantada! Me muero por conocer París. Como si nunca hubiera estado allí.