Close your eyes.

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martes, agosto 24

El sofá de Cloe (IV)

Un café. Tras secarse las lágrimas de la cara Cloe fue a por un café. Pensó en llamar a alguien para contarle lo que le estaba pasando por la cabeza. Pero no lo hizo. Además, ¿a quién llamaría? ¿A Susan? No, le diría lo bien que le iban a ella las cosas para "consolarla". ¿A Misha? No, se pondría a llorar con ella sin remedio alguno y acabarían peor de como empezasen la conversación. ¿A Nina? Tampoco, estaba demasiado ocupada mandándose mensajes con su nuevo novio y el móvil no dejaría de sonar en toda la reunión. La única que le quedaba era la adorable Greta. Simplemente no quería llamarla. Sabía que podía consolarla y que la ayudaría a salir de casa para despejarse. Pero no quería. Greta siempre se estaba preocupando por sus amigos, tanto hombres como mujeres. Era la que, de alguna manera, mantenía unido al grupo. Era tan especial que cualquier hombre podría enamorarse de ella, pero nunca mantuvo una relación larga. Al menos en esos últimos cuatro años que se conocían. Greta nunca quiso hablar de su pasado. Quizá era demasiado malo como para deprimirnos por él o demasiado bueno como para que buscásemos una razón por la que lo dejó todo y se mudó a su ciudad. Estaba claro que Greta era especial. Era su amiga. Era la amiga de todos. Pero no, prefirió no llamarla. Se preocuparía demasiado y Cloe sólo necesitaba un café para despejarse. Quizá tras pasar la noche, llegando la mañana, la llamase para ver cómo estaba. Le apetecía disfrutar de un café con tostadas junto a Greta, ella siempre sabía empezar el día con buen pie. Y además, le iba a preguntar por su pasado. Sí, lo había decidido, iba a hacerlo.

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